La crítica de Calico Skies Radio sobre el último disco de Paul McCartney
Por Julio Martínez
La televisión estaba encendida en la casa de Paul McCartney. El Concierto de Brandeburgo sonaba de fondo. De repente, las notas de Johann Sebastian Bach llegaron a oídos del joven músico que, sin saberlo, estaba a punto de dar el salto definitivo como compositor. Eran días de grabación para Penny Lane, el tema que compuso como respuesta al Strawberry Fields Forever de John Lennon. Aún sin estar frente al aparato, McCartney distinguió un instrumento que nunca antes había escuchado. Una nota muy alta llamó su atención. Al día siguiente, se encontró con George Martin y disipó la duda: se trataba de una trompeta piccolo. Paul tenía las notas en la cabeza para incluir un solo en la parte media de la canción, pero faltaba el ejecutor. El mítico productor de Los Beatles lo resolvió rápido con el llamado a David Mason, el mejor de los suyos en el mundo de la orquesta clásica. "Bueno, ¿qué queremos tocar?", soltó el prestigioso músico de sesión. El McCartney analfabeto en términos musicales tarareó cada una de las notas. Martin y Mason se armaron de paciencia, las transcribieron a un pentagrama, hasta que hubo una mirada entre ambos. Algo estaba fuera de lo común. Una nota altísima, prácticamente imposible. Mason lo miró fijamente a McCartney y le dijo: "Bueno, eso está, oficialmente, fuera del alcance. Incluso para una trompeta piccolo". Paul le devolvió la mirada, consciente y desafiante, para responderle después: "Podes hacerlo". La respuesta afirmativa de Mason dio lugar a un milagro musical y demostró que para Paul McCartney no hay imposibles. Siempre va por más. Casi 60 años después de esa patriada, las cosas no cambiaron. Paul se mantiene en la misma postura. Y tiene con qué, claro está.The Boys Of Dungeon Lane, su nuevo disco, se moldeó con ese espíritu, en busca de una nueva masterpiece. McCartney es un artista que no tiene nada que probar. Si hubiese querido retirarse con Flowers In The Dirt, Flaming Pie o Chaos And Creation In The Backyard, estaba bien. Por fortuna, su energía y creatividad le permitieron continuar, explorar y, de alguna manera, seguir compitiendo con él mismo.
Cada álbum es un desafío para McCartney. Lo sabe muy bien. Acaso por eso se tomó largos 5 años para concebirlo, más allá de su apretada agenda con las giras. Esperó el momento oportuno y no falló. No parece, pero es un disco ambicioso. Lo nuevo de Paul es sencillamente brillante. Por primera vez en mucho tiempo, tenemos entre manos un disco que es adictivo. Necesitas escucharlo con asiduidad. Casi en loop. Acaso New, Egypt Station y McCartney III (la trilogía McCartney es especial, no nacieron para encantar) hayan sido buenos discos, porque McCartney siempre tiene algo bajo la manga, pero no les dieron para más. Sin embargo, en The Boys Of Dungeon Lane el término obra maestra no es descabellado y mucho menos en el rango de los discos publicados en el siglo XXI.
La asociación con Andrew Watt dio sus frutos. El joven músico de 35 años supo aportar el equilibrio necesario. Sin llegar a ser extremadamente riguroso como Nigel Godrich (quien tenía 34 cuando trabajó con Paul) en Chaos And Creation In The Backyard, ni ser demasiado condescendiente con una leyenda viviente. Gran mérito para el productor del momento.
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| Archivo Calico Skies Radio |
La continuidad con Lost Horizon, una pieza perdida de los 2000, permite reforzar ese optimismo ante tanta expectativa generada. Este tema posee una connotación emocional para Paul porque el genial ingeniero de sonido Eddie Klein, fallecido en 2020, le recordó alguna vez que tenía un demo perdido que merecía ser tenido en cuenta. "La produjimos exactamente igual que en el casete", dijo McCartney. Su mensaje advierte que "el tiempo hace que cada momento cuente" y además "hay que vivir el presente". Posiblemente haya tardado 5 minutos en completarla. Son de esas canciones que le salen de un tirón y son geniales más allá de su sencillez. Groove, guitarras algo distorsionadas, las acústicas como apoyo, una melodía llevadera y un estribillo complaciente ¿Qué más?
Paul y Andrew lo tenían pensado de antemano, con buen tino, y nos taparon la boca. Days We Left Behind sostiene al disco. Una función que también cumple Home To Us, a dúo con Ringo Starr, más los coros de Chrissie Hynde y Sharleen Spiteri. Los dos cortes de difusión nos hicieron comer el amague de un álbum que podía caer en la nostalgia boba. Ambos hacen de nexo entre composiciones psicodélicas, rockeras y frescas. Son el refugio perfecto para los oyentes tradiciones que suelen quejarse cuando Paul se aleja un poco (ni siquiera del todo) de su lado beatle. Sepan que hubo, hay y habrá vida después de Los Beatles. Ambos tracks son de lo más nostálgico del álbum. En Days We Left Behind hay una letra preciosa de Paul con un enlace obvio a Lennon: "We met at Forthlin Road / And wrote a secret code / To never be spoken / I stand by what I said / The promise that I made / Will never be broken". La sociedad McCartney/Lennon siempre nos da algo más. Y Harrison también está presente, porque Paul supo compartir esas tardes de Dungeon Lane con él. En Home To Us, Paul y Ringo hacen mención al Liverpool de sus respectivas infancias. "La escribí especialmente pensando en Ringo. Aunque era duro, era nuestro hogar. Y me gusta pensar que mucha gente puede identificarse con eso. Mucha gente recuerda su infancia y piensa que no teníamos mucho, particularmente mi generación, porque fue justo después de la Segunda Guerra Mundial. Así que me gusta pensar que, aunque no teníamos mucho, lo amábamos. No conocíamos otra cosa. Y este lugar era nuestro hogar: Liverpool, en mi caso y en el de Ringo", dijo Paul a NME.
Las credenciales por haber trabajado con Elton John, Dua Lipa y Ozzy Osbourne, entre otros, depositaron en Watt cierta esperanza de poner a McCartney en un altar musical. En especial desde el sonido. Canciones como Ripples In A Pond, dedicada a Nancy, muestra a un Paul fresco, que a sus 83 años canta como si tuviera 30. Aquello que había mostrado a cuenta gotas en Egypt Station's Explorer, con los temas que no quedaron en el original, se repite con sabiduría en un solo tema. Y Watt sabe cómo hacer relucir las notas en una guitarra. Otro ejemplo notable reside en Down South. El homenaje tardío a George Harrison se proclama en una canción muy simple y directa. Un tributo fiel a su amigo, si es que así lo pensó, porque tiene todo sin sobrarle nada. Así fue George como guitarrista. Ni una nota de más o de menos. Algo difícil de lograr. Una guitarra acústica y la voz de Paul, al estilo Confidante, que suena mucho mejor que en trabajos pasados recientes, más un exquisito solo de eléctrica (a lo George) basada en un fragmento de una letra ingeniosa que incluye una cita bien beatle: "It was a good way to get to know you / Before we learned to Twist And Shout". Encantadora de principio a fin.
La complejidad musical que se presentó en As You Lie There, regresa con la psicodélica y drogona Mountain Top. Engaña con un comienzo falso, por así pensarlo, porque lo sombrío (con cierta reminiscencia al Winter Rose de Back To The Egg) se queda en los primeros segundos. Hay en ella un estribillo pegadizo que se refuerza (Paul es muy astuto) con un solo de guitarra y el canto sutil de McCartney. Es irresistible. Imposible que no se te grabe en el cerebro. Y cuando parecía que ya habíamos todo, el final es intrépido, casi de ciencia ficción. Un ritmo acelerado, loops, guitarras chillonas (Girls' School) para un cierre rockero. La experiencia de festivales emblemáticos como Glastonbury y Coachella inspiraron la historia sobre una chica que va a pasarla bien, con algún porro encima y otras yerbas. "Todo el mundo está flipando/necesita calmarse y escapar, ¿o prefieres quedarte?", y todo dicho. El final tiene la voz de Nancy Shevell en loop ¿acaso era para ella?
We Two retoma la labor de la dupla McCartney/Watt que registrará su firma en Come Inside, Never Know y Home To Us. La primera impresión de We Two (en la pre escucha global a la que accedimos en Universal Music el 28 de mayo en Buenos Aires) dejó cierta sensación de vacío. Sin embargo, a medida que pasaron las escuchas, mejoró su puntuación para envolvernos con su atmósfera romántica, cálida y sugestiva. Un sonido a los '60 en pleno 2026, entre un estribillo emotivo, acompañado de punteos sofisticados, que se registraron en la vieja y querida Studer de cuatro pistas, con una cinta reproduciéndose al revés en el final. Su ubicación en el tracklist, si estuviésemos escuchando un vinilo, no es antojadiza. Cierra el lado A. Y el lado B comienza con todo. Come Inside tiene bastante del ADN Watt, mimetizado con un McCartney al que no le cuesta nada componer bajo este estilo. Bien de radio, arriba, rockera y de estadio. "Es básicamente un tema de rock, no hay mucho más que decir, salvo que es fantástico", expresó Paul.
Y como si fuera poco, The Boys Of Dungeon Lane contempla otras nuevas joyas McCartnianas: Life Can Be Hard, First Star Of The Night y Salesman Saint.
En el magnífico documental McCartney 321 (2021) tuvimos un anticipo de Life Can Be Hard. En ese entonces, un embelesado Rick Rubin, apoyado sobre el piano, se maravillaba por un tema cuya melodía demostraba que Paul estaba intacto. La genialidad se patentó en preciosa pieza pop, con cierto aire jazzero (y porqué no tanguero hollywoodense), acompañado de arreglos orquestales y una Big Band. "La vida puede ser difícil, pero entonces... es cuando empezamos a reconstruirla", dice el inicio de la letra, como si fuese pariente lejana de We Can Work It Out. Y nos conquistó. McCartney la compuso durante la pandemia de coronavirus. "Hay muchas dificultades para mucha gente: algunos problemas de salud, problemas económicos, lo que sea. Todos tenemos nuestros problemas, pero tenemos que superarlos. La alternativa es que tu vida se vuelva amarga, y no quiero que eso pase. No quiero deprimirme, así que lucho contra ello y pienso: 'Vamos, tienes muchas cosas buenas. Concéntrate en eso'. No siempre es fácil; de hecho, nunca lo es", aseguró McCartney.
Cierto aire sudamericano se entromete en el disco con First Star Of The Night. La canción que fue escrita en Costa Rica, durante un día de lluvia, repite el ejercicio que Paul concretó tiempo atrás con My Valentine en Marruecos. Afuera llueve, bueno, hagamos un tema ¡Qué cosa seria sos, McCartney! Otra melodía preciosa para olvidarse de cualquier problema. Tiene el potencial para pelear entre las preferidas del disco.
En Salesman Saint, McCartney rememora a sus padres, Jim y Mary. Lo hace a lo McCartney (léase We Got Married), con su narrativa, y un cierto estilo a John Lennon (Working Class Hero) y Bob Dylan desde lo musical. Arranca con una trompeta interpretada por Mike Davis. Se trata del primer instrumento del joven Paul, como obsequio de su padre, y que luego cambió por la histórica guitarra Zenith. El esfuerzo de Jim y Mary una vez concluida la Segunda Guerra Mundial está ahí. Cómo mantener a la familia, cómo salir adelante, a pesar de todo. Otra vez los arreglos orquestales y la Big Band. Un enorme acierto musical.
LA ÚLTIMA GRAN CANCIÓN DE PAUL McCARTNEY
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| Foto: Mary McCartney |
La maestría de Never Know tiene competencia. La que puede pelear este puesto es Momma Gets By, la que pone fin al disco. El piano es dramático (The Back Seat Of My Car) y la voz de Paul narra la historia ficticia de una mujer que se pone la familia al hombro, en convivencia con un esposo que es bastante perezoso. Paul arma una especie de obra de teatro en forma de canción y su interpretación es sublime, porque te crees todo. La emoción tiene su clima cuando McCartney canta: "She loves him / with all her heart and soul". En 1963 cantaba She Loves You y en el 2026 termina un disco con She loves him. Genio. Momma Gets By tiene otra vez a una mujer como protagonista. Así como en tiempo pasado lo fue en She's Leaving Home, Lady Madonna, Eleanor Rigby, Blackbird, Another Day o Jenny Wren. El cierre de The Boys Of Dungeon Lane te llega al corazón. No hay manera de estar ajeno a la emoción. Quizás el contexto ayude por el propio McCartney. Entramos definitivamente en el tiempo donde no sabemos cuál será su último trabajo, aunque para nosotros, hay Paul para rato, en especial a la hora de crear discos. Tomorrow Never Knows...
CONCLUSIÓN
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| Archivo Calico Skies Radio |
The Boys Of Dungeon Lane bien puede considerarse como la nueva masterpiece de Paul McCartney. Cada canción está muy bien elaborada, con un trabajo de producción brillante, y la inspiración de Macca está en su pico. La nostalgia está presente, pero distante de ser empalagosa. No se traduce en la mayoría de los acordes, armonías o melodías. Sí en el concepto del álbum. McCartney recuerda a John y George en distintas ocasiones, a su familia, amigos cercanos y hasta un amor que no fue. Y Ringo también tiene su lugar, pero como corresponde, con voz propia, porque es el otro beatle sobreviviente. Un apreciable detalle McCartniano.
A diferencia de sus discos anteriores más recientes, The Boys Of Dungeon Lane tiene consistencia entre track y track. Es muy difícil saltear al que viene. Una vez que lo que escuchas, pasa de un tirón. Y te dan ganas de repetir. Asismo, debe ser de lo más emocional en muchísimo tiempo. Algo así no ocurría desde Chaos And Creation In The Backyard, un álbum que marcó un quiebre. En el medio, Paul publicó otros enormes discos como Memory Almost Full, Electric Arguments, New, Egypt Station y McCartney III, que en cierta forma mantuvieron la vara alta. Pero con The Boys Of Dungeon Lane establece otra marca. El tiempo dirá si será incluso mejor que Chaos And Creation In The Backyard o si se animará desbancar a clásicos como Tug Of War, Ram o el mismísimo Band On The Run. Es posible que sea el mejor del siglo XXI, período que empezó con el notable Driving Rain. La expectativa estaba por las nubes y Paul cumplió con creces.
Paul McCartney lo hizo otra vez ¿Cuántos artistas de su calibre y edad pueden darse ese lujo? Somos privilegiados de vivir este momento. No sabemos si podrá repetirse, pero con Paul todo es posible. Como la nota inalcanzable de Penny Lane.
***** (10/10)





Excelente!! Paul lo hizo otra vez . Así es. Y ojalá tengamos Macca para rato. El mundo con Paul en él es un lugar más hermoso
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